FotoLogos 01/22

Ampliamos la fecha para la presentación de los trabajos al Martes 26 de Julio.

 

FOTOLOGOS | Espacio de reflexión fotográfica.
Fotologos, un lugar de expresión donde las palabras se toman de la mano, se entrelazan hermanadas, para pensar, sentir y abrazar la fotografía.

De qué se trata..?  Cómo empezamos..?

En “La musa inspiradora” un cuento de Fontanarrosa, el protagonista, espera con desesperación, la llegada de la musa, para tener nuevas ideas. Finalmente, cuando la tiene enfrente, ésta le da un consejo: “AHORA HAY QUE TRABAJAR”.

Comenzaremos con la publicación de un texto, que funcionará como un disparador de ideas.
Les proponemos tomar imágenes de lo que cada uno interprete o le sugiera y las envien por mail a fotologos@nuevofca.com.ar

Luego, en una reunión on line, compartiremos y analizaremos, todos juntos, el material obtenido.

Se podrán enviar hasta 5 fotos por autor, en un tamaño de 1.200 px el lado más largo.
El nombre del archivo debe ser:
Nombre y Apellido del autor, un guion y si quiere el título o numeracion (01,02, etc) Ej: Calos Gomez-El remanso.JPG
Fecha de cierre para la presentación de los trabajos Martes 26 de Julio
Reunión Jueves 28 de Julio –
19:00 hs. vía zoom

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Primer Entrega

El poeta y el fotógrafo
de Martín Miranda

 

Nota: El presente texto es ficcional. Aunque, es probable que trate de un poeta y un fotógrafo que habitan en el cuerpo de una misma persona.

El poeta y el fotógrafo

¿Acaso el poeta huye detrás de las palabras, como el fotógrafo se esconde detrás de la cámara?

Dos caras de distintas monedas, ¿o de la misma? Dos ajedrecistas con sus propias piezas. Uno juega de la mente al papel. El otro, de la realidad a la bidimensionalidad.

Los dos extraen desde el fondo de las entrañas el simbolismo y la abstracción.

Uno con la imagen literaria. Otro con la imagen latente y la poesía visual.

Ambos transitan el mismo filo. Uno el de la pluma, el otro el de la lente y la mirada.

El poeta huye de la autorreferencialidad. El fotógrafo, del mismo modo escapa del autorretrato.

Uno lucha con la sintaxis perfecta, el otro con el instante preciso.

El poeta puede anticipar. El fotógrafo, a lo sumo pre-visualiza la escena.

El poeta concede un lugar a la muerte entre los pliegues de los tiempos verbales. O en última instancia, la espera acurrucado dentro del hueco de la letra “o” minúscula. En cambio, el fotógrafo sabe que su obra siempre es pasado. Es consciente que el resultado se conjuga para atrás, nunca para adelante.

El poeta ostenta el futuro simple. El fotógrafo elabora sólo recuerdos. Después del clic, sabe que ya todo es historia.

Uno bucea en las profundidades de una sopa de letras. El otro navega en el mar de la memoria y el registro mimético.

—¡Jaque a la imagen amarillenta! ¡Jaque a ese ser retratado, anónimo víctima del olvido! —Grita el poeta.

El fotógrafo retrae el alfil tambaleante para obturar el paso que vulnera al rey, y a la vez responde con un jaque de tiempo y espacio.

El poeta huye, y en la corrida resbala en un charco de tinta fresca, con la onomatopeya difusa de la derrota inevitable.

—¡Jaque mate! —Sentencia el fotógrafo.

El poeta cae, y en la acción de la caída narra la imagen del fotógrafo en el medio del tablero, parado victorioso sobre un casillero negro. Igual que la foto velada de ésta, su última partida.

Martín Hernán Miranda